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Alberto Cilloniz
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Fabricar casas en una playa desconocida de Chincha sonaba a locura. Incluso para el mismo Alberto Cillóniz, quien prefiere llamar obsesión a Wakama Ecoplaya, el balneario y hotel que levantó hace diez años en el kilómetro 174,5 de la Panamericana Sur. Tras un mal paso en la agroexportación del que se quedó con solo 45 hectáreas de tierras cultivables, Cillóniz prefirió mirar al negocio inmobiliario. Para el 2010 proyecta convertir Wakama Ecoplaya en un hotel “all included” (todo incluido) y que la zona sea una alternativa a Asia.
Antes de ser empresario hotelero, usted fue agricultor…
Antes de ser empresario hotelero, usted fue agricultor…
¿Qué cultivaba y cuál era su mercado?
Espárragos, mandarinas, algodón… todo para exportar. Pero en la época de Fujimori los bancos se pusieron imposibles y creo que, actualmente, ya no queda ninguno de esos agricultores de antaño: o se murieron o tuvieron que vender.
¿En qué año llegó a ese punto?
Cuando vendí las 45 hectáreas, en 1996. Ahí evalúo ponerme terno y sentarme en una oficina para aplicar lo que había estudiado o aventurarme a hacer algo diferente. Pero no fue sino hasta que volví de Cancún (México) que lo tuve más claro. Allá conocí al ex gerente de un banco (que recién había renunciado) y con su liquidación se había comprado un catamarán. Él nos hacía los paseos para ir a bucear.
Fue una inspiración…
Terminó de darme el empujón. Yo conocía estas playas desde niño, por los campamentos que hacíamos los Cillóniz en Semana Santa. Cuando me casé, seguí viniendo al mar con mis hijos y se me ocurrió ya no acampar sino levantar una cabaña.
Lo habrán calificado de loco…
Sí, hasta mi esposa Anabel me dijo loco, pero era mi sueño. Primero hice una cabañita de esteras y le pasaba la voz a los amigos y me decían con una palmadita en la espalda: “Oye, qué bacán”. Pero ese gesto me decía: “Compadre, te faltan cuatro pernos”. Yo sentía eso. Pero no me preguntes por qué seguí adelante: creo que estaba obsesionado.
¿Cómo se empieza un proyecto como Wakama si la playa no es propia?
Se comienza a generar una posesión sobre el terreno; es decir, aplico la prescripción adquisitiva para tener el terreno. El Estado da la propiedad a todo posesionario que ocupa un terreno por 10 años o más. En los próximos 18 meses ya debo estar teniendo la propiedad de 145 hectáreas que poseo, a lo largo de 1,5 kilómetros.
Entonces la inversión se concentró en movilizar gente, materiales, transporte…
Así es y fue bravísimo. Los camiones a veces se quedaban atollados en la arena porque no había ni camino afirmado. El agua, el desagüe y la luz eléctrica tienen cableado subterráneo. Cada poste colocado ha sido una chambaza, pues cada dos lampadas una se cae.
¿Qué fue primero: el hotel o la venta de casas?
En 1997 hice 23 cabañas, para la temporada de verano. La pasamos bacán pero en mayo el mar tuvo una crecida y me destruyó todo. Me recuperé y replanteé la línea de inicio de las casas, más lejos de la orilla. Desde entonces, rediseñé todo y busqué mejores materiales; y empecé vendiéndole casas a amigos, luego a sus conocidos y ahora puede venir cualquiera a escoger su modelo para comprar.
¿Qué vende exactamente si la playa no es suya?
Hago dos contratos con la gente: por posesión de lote y otra factura por la construcción en sí. Cuando yo me titule, el resto de compradores también lo harán. Además, contratas a mi empresa para que te construya la casa. Es decir, eres dueño del casco y posesionario del terreno de la casita.
¿Cuál de los dos rubros es más rentable?
No podría decirlo con exactitud. La parte central del hotel lo forman cabañas de un piso y ha sido el trampolín para la venta de casas: quien gusta del hotel, después quiere una casa. Ahora hay 68 casas de 2 pisos, las cuales forman el balneario. Sin ese negocio inmobiliario yo estaba destinado a la quiebra.
¿Por la estacionalidad?
Sí. El sur chico como negocio hotelero no es posible porque no hay sol todo el año, excepto en Paracas. Los espacios están ocupados solo de diciembre a abril, de los cuales marzo tiene un bajón por el inicio del colegio. Por eso apareció la necesidad de vender las casas. Uno fue soporte del otro.
¿Entonces por qué sigue existiendo el hotel?
Porque igual tiene su potencial, solo que enfocado en otros públicos. Por eso estiramos la temporada desde diciembre hasta Semana Santa (abril), e incluso los feriados largos por el Día del Trabajo (1 de mayo). Pero también estamos ampliando el servicio para que, desde este año, los turistas extranjeros pasen por Wakama antes de irse más al sur, a Nasca o Paracas. Visto a mediano plazo, cada casa que vendo es terreno que pierdo. Y cuando el hotel me rinda los 12 meses del año diré: “Para qué vendí”. Pero ahora esas ventas me aportan para que funcione el hotel. Así se dieron las cosas.
¿Qué hace de Wakama una ecoplaya?
La construcción de las cabañas. Somos una alternativa a Asia: hay contacto directo con la arena, sin malecón y sin cemento, estamos cerca del cerro. Mantenemos armonía con la naturaleza hasta en los colores de las casas, usamos madera, cal y yeso.
¿Cómo brinda los servicios básicos y provee al restaurante y al minimarket?
Un camión con agua de un pozo cercano provee a varios tanques colocados en la parte de arriba del cerro. Las mayoría de las provisiones se traen de Chincha y las carnes y pescados desde Lima. Mi hija Daniella dirige el restaurante y mi hijo Vasco, la bodega.
¿Cómo es su público?
Entre los visitantes peruanos, sobre todo grupos de familias que vienen de vacaciones hasta marzo. Y también parejitas de novios o recién casados. En ellos debo enfocarme, porque tienen más presupuesto y no tienen hijos.
¿Cuál es el negocio que tiene más proyección?
El hotel. Por eso estoy trabajando para ofrecer discoteca y canchas deportivas. Wakama es un paraíso para chicos hasta los 14. Después, todos quieren irse de juerga a Asia, así que hay que presentar el paquete completo para adultos, sean peruanos o extranjeros. Por ahora, hemos hecho fiestas con más de 2.000 asistentes (para carnavales y Año Nuevo) así que es cuestión de pulirlo.
¿Le han pedido replicar Wakama en otra playa?
No, prefiero trabajar solo y sin socios. Eso sí, mi proyección es que Wakama se haga cada vez más conocida y, por qué no, crear una franquicia para otras zonas turísticas como Cusco, Máncora, el Manu… No sé cuánto tarde, pero sé que puede lograrse si seguimos fortaleciendo el nombre.
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